miércoles, 24 de abril de 2013

Si el pueblo no muestra su descontento, ¿quién lo va a hacer por él?


Si el pueblo no muestra su descontento, ¿quién lo va a hacer por él?

     La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha sido la encargada de traer a España la práctica argentina del escrache, que consiste en realizar manifestaciones pacíficas en torno a los políticos para defender los Derechos Humanos. Resulta paradójico que la clase política, que debería ser la encargada de salvaguardar esos derechos, sea el principal objetivo de los movimientos ciudadanos para defenderlos. Los diputados del PP Joan Bertomeu y José Cruz Pérez Lapazarán, el alcalde de Torrelavega o Esteban González Pons son algunos de los políticos que han sido protagonistas de los escraches. Pero no han sido los únicos a la hora de pronunciarse sobre el tema.
     La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, fue la primera en vincular a la plataforma Stop Desahucios con grupos proetarras. Rosa Diez no tardó en salir al paso de la polémica y comparar los escraches con las actuaciones de la kale borroca y calificarlos como: “un acoso cobarde, acoso vil, acoso radicalmente inaceptable”. Recientemente, ha sido la secretaria general del Partido Popular y presidenta de  la comunidad de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, la que ha dado un paso más allá en la tozudez de la política actual al comparar las manifestaciones en torno a políticos con el “nazismo puro” y reflejo de “un espíritu totalitario y sectario”.
     Afortunadamente, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Gonzalo Moliner, ha puesto un poco de cordura en este asunto al afirmar que los escraches, mientras no sean violentos, son un ejemplo de libertad de manifestación. Y es que si el pueblo no muestra su descontento, ¿quién lo va a hacer por él?.