Tocada y Hundida
La Corona española está herida de muerte.
En una situación de crisis económica, política y social como la que vive
España, los españoles ni se merecen, ni se pueden permitir una Monarquía como
la actual. Está claro que el papel de la Corona, y sobre todo del rey, fue
decisivo en un momento crítico para el país en el que la Monarquía parecía ser
la única alternativa al régimen que se había vivido durante casi 40 años, pero
han pasado más de 30 años y varias generaciones desde que esto ocurriera y las
circunstancias y contexto han cambiado.
La sociedad española ha tenido que ver en
los últimos años como la Monarquía, que se supone la representa, vive ajena a
la situación real del país. Uno de los principales motivos para este desgaste
de la institución de cara a los ciudadanos ha sido la imputación en el 'caso
Nóos' del yerno del rey, Iñaki Urdangarín, en un ejemplo de ambición sin límites
ni conciencia social. Sería absurdo atribuir este desgaste únicamente al
exjugador de balonmano porque la actuación del resto de la familia no ha sido
ejemplar. Los ciudadanos han visto en un momento en el que se les pide austeridad como su monarca
viaja a exóticos países africanos para cazar elefantes, o como la reina viaja hasta
Reino Unido, junto a varios miembros de seguridad, para realizar sus compras
navideñas. Sin lugar a dudas, todos estos actos llevados a cabo por los
representantes de la Casa Real han erosionado a la institución y la han alejado
aún más de la sociedad, sobre todo de las generaciones que han crecido en
democracia y no han vivido esos momentos críticos que el rey tuvo que
solucionar.
La situación en 2013 es totalmente
diferente a la de 1978. Ha llegado el momento de que los ciudadanos puedan determinar
la forma de Estado en la que quieren vivir y por el bien de la Corona, el rey debería
favorecer esa decisión o abdicar, para no verse en una situación parecida a la de 1868.
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